Fragua Social Nº20 -Editorial- Viva el mal, viva el capital

La electricidad dejó de ser monopolio del Estado cuando el gobierno de Aznar completó el proceso de privatización con el apoyo de los socialistas. Esta operación se justificó con el argumento de «modernizar el servicio», dejándolo en manos de los «profesionales» para convertirlo en un sector más competitivo y así, poder abaratar los precios. Nada más lejos de la realidad.

Llevamos semanas escuchando en los medios de comunicación burgueses cómo el precio de la luz bate récords históricos de subida, cada día. Los «expertos» invitados a las tertulias de la tele y los que escriben las columnas en los periódicos dan vueltas al asunto sin aclarar absolutamente nada, porque nada se dice que en un modelo económico capitalista las cosas funcionan así. Los políticos mienten, lo hicieron cuando dijeron que la privatización bajaría los precios, y las empresas hacen lo que su naturaleza les impulsa a hacer: obtener beneficios y acumular capitales sin importarles si la gente tiene suficientes recursos para pagar la factura o no. Tampoco les importan nuestras miserias a los políticos que hoy son consejeros y empleados de empresas privatizadas, disfrutando de la recompensa obtenida tras un duro trabajo en favor del liberalismo económico. Los objetivos del liberalismo no son otros que transformar cualquier cosa en mercancía: la luz del sol, el agua, un paseo por el campo, el ocio, la cultura, la sanidad… cualquier necesidad que tengamos o cualquier actividad que deseemos realizar acabará teniendo un precio que deberemos pagar a las empresas.

Al recibo de la luz le debemos sumar la gasolina del coche, el internet, las plataformas digitales de televisión, la hipoteca o el alquiler del piso, los seguros y hasta las pensiones. A todo esto debemos incluir todas las promesas de bienestar y felicidad, traducidas en bienes de consumo, que la clase obrera aburguesada debe adquirir con sus cada vez más precarios trabajos y con sus cada vez más miserables salarios. Del Estado podemos esperar muchas cosas, pero no que resuelva esta situación, ya que, su función no es otra que, por un lado, favorecer el crecimiento económico y garantizar los beneficios de las grandes empresas, y por otro, reprimir, perseguir y encerrar a quien tenga la osadía de enfrentarse a este sistema criminal. Antes rescatan a un banco y a sus directivos con salarios multimillonarios, que a una familia sin recursos.

El capitalismo no es una aberración solo por el hecho de que permite a una minoría privilegiada acumular toda la riqueza posible, no dejando para el resto más que miseria. Lo es también porque para alcanzar este objetivo es capaz de cualquier cosa: destruir selvas, envenenar ríos, exterminar especies animales, culturas y formas de vida tradicionales, lo que sea. No hay un solo rincón del mundo que no esté amenazado por el modo de vida capitalista.

El recibo de la luz queda como algo anecdótico ante el profundo peligro que representa el capitalismo para cualquier forma de vida en el planeta, no obstante, debería ser suficiente para provocar una revuelta que se extendiera por todas las ciudades de España destruyéndolo todo, porque la subida del precio de la luz no es más que una estafa y se están riendo en nuestra cara. Pero claro, la sociedad de consumo también tiene ese efecto entre la clase trabajadora: la adormece con tanta propaganda publicitaria, y en sus sueños de adquirir bienes de consumo con los que ser socialmente aceptado no queda espacio para la lucha ni para la justicia social, y se somete pacíficamente a cualquier abuso, sea el que sea, esperando quizás, que algún político vaya a resolver algo.

En la CNT-AIT no nos dormimos entre los laureles, ni nos dejamos engañar por las falsas promesas de libertad y bienestar. Sabemos que la justicia social solo será posible el día que la clase obrera tome conciencia y, por sus propios medios, sin delegar en institución alguna, acabe con todo gobierno de Estado, con la sociedad de clases, con el sistema productivo capitalista y con toda forma de autoridad.

SP Comité Regional de Levante

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